miércoles, 20 de agosto de 2014

Nothing


Vislumbran los rayos del sol
entre motas rosadas y blancas,
que acarician los tejados
y, por un momento,
respiran las motas
que ciegan mis ojos
vacilantes
por el encuadre de la ventana,
y una rama juguetona
picotea el cristal
invitándome a
enredar mis dedos
en el viento,
que rezuma hostil
e imponente
sobre la copa de los árboles
que bailan a su compás.
Vuelve a asomar otro
rayo de cálida luz,
que en la plata del bolígrafo
que sostengo
se abanica en diferentes direcciones,
lloviendo como estrellas,
y en la ventanas de en frente
ensombrece la figura de una dama,
sentada gracilmente
con su carboncillo ennegreciendo
sus dedos suavemente
sobre el delicado papel,
por el que algunos de
sus rizos aperlados
le susurran.
Mirando con mis ojos apaciguados,
con la chispa
de los pardos de un gato,
con un cigarro asomando
entre mis secos labios,
y un sordo sonido que lo
quema despacio,
sin dejar de mirar
por la ventana,
iluminándome el dorado rocío
del sol.
Y una bocanada de anhelo,
que amarga el olor de la tierra y el asfalto
húmedos,
y el sonido del aleteo
de las aves que, con la dulzura
de un beso en la mejilla,
revolotean en manada
cuales suaves caricias,
y ya cubriendo con
su manta,
el cielo adormece la ciudad

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