jueves, 29 de mayo de 2014

¿Dios o yo?

Hoy en día, ¿realmente creemos en Dios como tal?

Yo no creo en Dios, es algo que no puedo concebir de forma clara, eso sí, hablando eclesiásticamente. Sin embargo, hay mucha gente que cree en Dios ciegamente, pero... ¿ realmente es Dios aquello en que creen?

Cuando escucho a la gente rezar lo único que escucho son esperanzas. Por eso me pregunto si es que estaremos haciendo plegarias a la esperanza.

Cuando mi madre o mi abuela me enseñaban a rezar con ellas, siempre imaginaba que había un hombre gordete, barbudo, con unas vestimentas blancas y largas, tal vez parecido a Santa Claus, lleno de amor y que siempre desprende paz y tranquilidad, que se encontraba arriba, en el cielo, contemplando y escuchando todo lo que hacemos y decimos. Con el tiempo, me di cuenta de que todo eso se resumía en tener esperanza y fe. Pero no esperanza y fe en Dios, si no en la esperanza propia.

Actualmente, dudo que la gente crea en Dios como se creía antiguamente o como cree la gente anciana de nuestros días, pero sí que creen en la fuerza cósmica, en la sabiduría de la naturaleza, en "Dios", o en, como yo lo llamaría, esperanza.

La esperanza es lo única que guardamos siempre como un tesoro cada vez que llegamos a un punto sin retorno, cada vez que las cosas se ponen peliagudas y no hay modo alguno de salir adelante por nuestros propios pasos. Siempre, en todas esas situaciones, aquella que nos acompaña y nos da fuerzas es la esperanza, pues ésta nos da el valor, la fuerza y la voluntad que necesitamos para salir adelante como sea.

Pero la esperanza no es una fuerza que provenga de de un ser superior, ni tampoco se trata de una verdad más allá de lo que nuestra mente pueda alcanzar; se trata de algo que nace en nosotros mismos, en nuestros pensamientos, en nuestros sentimientos, en nuestra mente.

Somos nosotros esos pequeños dioses que de su propia naturaleza, que de su propio ser, aguardan siempre con esperanza los hechos que se le acontecen. Se tiene esperanza en que salga bien, en que se haga realidad, en que se mejore, en que siga tan bien como hasta ahora, en que surja por casualidad, en que no se repita, en que dure, en que viva, en que no muerda, de recibir, de dar, en que viva, en que llore o en que ría, esperanza en nosotros mismos y en los demás.

Siempre se vive con esperanzas, y éstas nacen de la esperanza misma, al igual que la fuerza, la valentía, la voluntad y la fe: todas estas casualidades se complementan, haciéndonos sabios.

Yo lo llamo esperanza, pues para mí es la raíz de las demás, pero al complementarse, no hay una sin la otra. Podría llamarlo Dios, pero no sería el Dios católico, ni tampoco los dioses paganos, y mucho menos el dios judío. Se trata de un dios albergado en el corazón de nuestro ser, un dios que no adoramos, si no que cuidamos y protegemos y que, por ende, nos cuida y protege a nosotros.

Así pues, para mí, quien tiene esperanza es sabio, pues es consciente de lo que tiene en sus manos y entrañas y sabe que todas las personas la tienen, pero no todas saben cuidarla.

Entonces, yo creo que ese viene a ser el "Dios" en el que actualmente creemos, pues nadie sabe si existe un dios personificado y todopoderoso que realmente nos escucha y nos protege. En tal caso, correspondiéndose con lo que se dice en la biblia, eso de que tras crucificar a Jesucristo, "ahí os quedáis, mundo cruel, para dos mil años de vida a vuestra propia suerte", no creo que pretendiese abandonarnos como tal si no que quería que viésemos por nosotros mismos la desgracia que estamos trayendo sobre nosotros al no llevar cuidado, al igual que aguarda con esperanza un final distinto a nuestro destino, también espera con esperanza que nos demos cuenta de aquello en lo que nos estamos convirtiendo y tengamos también la esperanza y fuerza de cambiarlo por nosotros mismos, ya que por mucho que él intentó, poco cambió.

Pero éste es solo mi punto de vista respecto a la realidad. Aunque no del todo, puede ser cierto, como Ortega y Gasset pensaría; éste es solo una pequeña parte de la realidad que concierne al mundo, nuestro ser y existencia; mis circunstancias me dan la visión de ésta realidad, porque si quisiera completarla, sería falsa.


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