sábado, 3 de junio de 2017

Una mano quieta, la humanidad.

¿Qué es una mano quieta,
que no escribe aunque quiera,
aunque la sangre fluya energizada,
deseosa del papel dejar lleno de tinta?

¿Qué es esa sensación de estar callado
frente aquello por lo que quiero luchar
y, sin embargo, solo hago callar
y aceptar lo que estoy escuchando?

¿Qué es lo que me estira hacia atrás
sin dejarme abrazar al destino?

¿Qué sucedería si las flores no floreciesen?
Si los tallos no brotasen...
Si el fruto no emanase
y si los animales no se reprodujesen...
Todo moriría.

¿Por qué permitimos nuestra propia muerte súbita?
Existe algo peor que, simplemente, morir.
Estar muerto dentro de uno mismo aun vivo.

Mas no es fácil ser el héroe,
dar el primer paso, ser diferente.

Miradas, críticas, insultos de muchos
sobre los halagos y simpatía de pocos.
Duele... duele acobarda y adormece.

Ser valiente... diferente...
decir las cosas de frente y sin flores,
en un mundo como este...
se asemeja a lanzar una piedra sobre un campo de minas.

Porque si no impactas nadie reacciona
y si calas todos ladran.
O así se ve.

Una época ingeniosamente demente,
no es juego de niños...
Hay que ser cauto y sigiloso.

En un mundo donde las balas
son disparadas por quienes dicen querernos,
¿dónde quedan la esperanza y la lealtad?

En un mundo quejica y cobarde,
En una bomba de relojería,
que hace cuenta atrás,
¿Dónde quedan los valores, la humanidad...?

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