Tu alma errante, que se cruzó con la mía.
Ambas perdidas, desprovistas de amor,
ambas buscando sin saber qué.
Atravesada la tuya por la espada brillante y cruel,
envenenada la mía por falso saber.
Curadas ambas de lo malo,
Se comprenden aliadas.
Incolora la tuya,
insabora la mía.
Y luego los rayos del sol
que ya amanece tras la noche llorosa.
Atravesados ahora ambos por la luz,
ahora iguales los dos. Ahora solo los dos.
(Extraído de mi blog Little things of a child)
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