domingo, 1 de marzo de 2015

Infiel

Que las noches de melancolía,
en las que mi corazón arde en dolor y pasión,
en remordimiento y atrevimiento,
en agonía y felicidad,
se consumen en su cama
con su amor que envenena.

Que su amor envenena en la medida justa
y mata con la delicadeza de una rosa,
que me arranca el alma con garras de seda...

Que su amor ¡Sí!, me arranca el alma con garras de seda
y me quema la piel con puro hielo.
Que rompen sus caderas contra las mías
la distancia que tanto nos ha torturado.

Y que su cara, no es su cara.

Nido de la perdición que al llegar la noche
mi cuerpo allana aclamando tu presencia.
Que tanta pasión envuelve a este amor
como horas de traición volando entre sábanas.

Y qué tan efímero amor,
que cuando deje su cama una vez más,
sé que ya no volverá.
Pues viene y va, pero nunca se queda,
y tras despedirme de él o mientras le espero
mi boca en llamas le aclama
en el silencio que se agota entre las paredes
de mi cuarto.

Que sólo mi ser y yo sabemos
de este juego de a dos,
que solo la noche comparte mi traición
y mi destrucción.
Que sólo las estrellas iluminan
mis heridas forjadas a fuego lento,
servidas sin perdón.

(Extraído de mi otro blog Little things of a child)

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